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La felicidad monta en bicicleta

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Hay instantes que se quedan para siempre, tal vez porque resumen momentos esenciales de la vida. Allí estábamos, no recuerdo bien cuántos ni quiénes. Seríamos unos 25, habíamos pedaleado unas 4 horas y aún no lográbamos salir de ese estado de fascinación que producen los paisajes imponentes. Recorríamos el Delta del río Ebro en Tarragona y estábamos a punto de llegar a la playa donde nos disponíamos a recoger mejillones entre las rocas. Recuerdo muy bien aquel momento, sobre la bicicleta, con el viento en la cara y bajo un sol radiante de primavera. En ese instante hice consciente algo que, con los años, ha resultado ser verdaderamente liberador; la certeza de que, aun siendo mayor, no necesito mucho para ser feliz. Han pasado casi 11 años desde aquel instante, pero cada vez que subo a mi bici hay algo que me recuerda esa revelación. C ada vez que monto en bicicleta,  sin importar cuánto tiempo haya pasado, vuelvo a ser una niña y confirmo, una vez más, que tengo la habilidad de...

El segundo post

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Sabía que iba a pasar, tal vez por eso me resistí durante tanto tiempo. Escribir unas líneas y publicarlas como post en un blog era adquirir un compromiso mayor, ahora debo escribir otro y otro, y así sucesivamente. No es que alguien me lo imponga, no, soy yo misma. No puedo resistirme después de haber publicado el primero, aunque no me resulte fácil escribir el segundo. Tal vez si mi amiga no hubiera dicho que se trataba de "el primero", entonces sería simplemente "el único" y hasta ahí hubiera llegado el blog. Pero ahora no puedo evitarlo, es un efecto singular que producen en mi las secuencias. Efecto que se expresa en la necesidad irrefrenable de continuarlas y completarlas, a veces de manera infinita hasta quedar atrapada en el círculo. Musicalmente es el mismo efecto producido por el ritmo, secuencia que se repite de manera cíclica en el tiempo, secuencia que nos embruja y nos atrapa en otra dimensión, en un eterno presente. De allí la importancia del segu...

Los zapatos de Soraya

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Tengo una deuda con Soraya y también conmigo misma. Prometí escribir unas líneas a partir de una conversación que tuvimos hace un tiempo sobre  los zapatos y lo que cada quien es. Sora acababa de realizar una intervención en un  foro muy importante, a lado de personajes ilustres y representantes de los principales medios del país. Cuando la encontré estaba reivindicando su decisión, cuestionada por varias de sus amigas, de haber realizado la presentación calzando un par de zapatos deportivos. Una de ellas le había dicho - pero la elegancia fue de la cintura para arriba - cuando descubrió una foto del evento en Facebook. Ella sabía que sus zapatos no iban muy bien con el atuendo elegante que había escogido para tan importante momento; sin embargo, se aferró a su convicción de no ceder a la presión social que de manera prescriptiva imponía, para la ocasión, zapatos formales, por demás incómodos. Soraya Bayuelo presentando la experiencia del Colectivo de Comunicacione...