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Habitar el tiempo de los otros

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Este articulo fue publicado en la revista Ranchería del Fondo Mixto de la Cultura y las Artes de La Guajira. Abril de 2017. Edición No. 17


¿Cuántas cosas habrían visto aquellos ojos cristalinos, casi vítreos? Se me ocurrió pensar que esa mirada penetrante, altiva y desafiante, expresaba en cada destello las vivencias de quien había vivido muchas vidas, pero también llorado muchas muertes.  Era una mujer wayúu, mayor, y miraba con  escepticismo y desconfianza todo aquello que alguien como yo podría representar: Arijuna, de Bogotá, urbana, universitaria, consultora de una organización internacional; alguien que vino de muy lejos a hablar de algo que a ella le ha tocado muy de cerca, en su vida misma, y en la muerte de los suyos: los Derechos Humanos y la paz. Me atravesó con su mirada y, sin decirme nada, me hizo saber que, entre ella y yo, entre su mundo y el mío, había una distancia inmensa difícil de entender y de salvar.


Antes había ido muchas veces a La Guajira, pero ese día, en D…

Lo común y lo corriente, esa manera femenina de entender la vida

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Estas son las palabras que leí en el foro: Experiencias y Aportes Fundamentales de las Mujeres en la Construcción de Paz. Comisión de Seguimiento a la Ley de Víctimas. Bogotá 09 de marzo de 2017 - Congreso de la República de Colombia.
He visto a mi madre llorar mil veces junto al recuerdo de su hermano asesinado y de su casa devastada por una violencia, ya casi inmemorial, en el Norte de Boyacá. He visto a mi tía dedicar en vano una tercera parte de su vida a la búsqueda de la más mínima pista que le hablara de su hijo desaparecido en las selvas del Guaviare.  He visto a mis amigas diluirse en lágrimas, y sentir que la vida misma se les iba, llorando la pérdida de un ser querido, o sufriendo el dolor insondable que causa la violencia; esa que se sufre por la decisión consciente y deliberada de otra persona. Pero también he visto a esas mismas mujeres levantarse cada día, durante años, remangarse y encarar la vida cotidiana y doméstica con toda la entereza que le falta a quién se oculta…

Sin razones para la violencia

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Aquel avión, uno muy pequeño: con capacidad para unos 13 pasajeros, se dispuso a aterrizar en medio de una suave llovizna. Embotada y aislada por el ruido de los motores, me dediqué a mirar por la ventanilla. Acabábamos de sobrepasar el Parque Natural Los Picachos, enclavado en la Cordillera Oriental y allí, a la vera del río que parecía bailar de forma sinuosa y caprichosa la danza de la vida, alcanzaba a verse San Vicente del Caguán. Era julio de 1996 y mi segunda salida de campo, hace exactamente 20 años.  Todo, todo, era nuevo y ajeno para mi: la selva, los aviones militares en la pista, los soldados inexpresivos y su minuciosa requisa en el aeropuerto y los misioneros italianos con su cara rubicunda y casi angelical, esperándonos emocionados bajo el implacable sol. Llevábamos con nosotros una maleta llena de equipos para grabación y producción de audio, y un salvoconducto firmado por Juan Luis Mejía, director de Colcultura en ese entonces. Se trataba de un lánguido papel encabez…

Memoria para construir paz

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Palabras leídas en el marco del Encuentro Regional: Periodismo y Comunicación para la paz en los Montes de María. El Carmen de Bolívar, 12 y 13 de febrero  de 2016.
Hace 20 años la vida nos juntó en torno al propósito de transformar la realidad a través de la palabra. Veníamos de mundos diferentes, cada quién traía consigo su historia, su camino y su propia versión de presente y de futuro;  no había manera siquiera de sospechar que tuviéramos mayor cosa en común y que pasaríamos tantos años caminando el camino acompañados. Al poco tiempo, de tanto hablar, a punta de escucharnos y de tanto andar y de reírnos, nos fuimos convirtiendo en movimiento. Juntos aprendimos del inmenso poder de la palabra y sumamos los empeños para que el relato público se volviera diverso, incluyente y democrático; apostamos por la comunicación ciudadana e hicimos de este empeño una manera de ser y estar en la vida.



En estos 20 años hemos trabajado, hemos discutido y nos hemos desencontrado para volvernos a en…

Serendipia

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Todos estábamos fascinados, era extraordinario estar allí y lo sabíamos muy bien; seríamos los últimos en tener acceso directo a esos documentos y eramos plenamente conscientes de lo que implicaba tal privilegio. Frente a nosotros una mujer de ojos grandes, que destacaban por encima del tapabocas, nos mostraba orgullosa y con solemnidad aquel manuscrito del siglo XVIII. Por mucho que me esforzaba en descifrar lo que allí estaba escrito, no lograba que ninguno de esos garabatos tuviera algún sentido para mi.

- Es la historia de un crimen Dijo Natalia con una seguridad pasmosa, tanta que parecía estar bromeando - Ajá... Respondí escéptica.
-¡Es en serio!, es una declaración relacionada con un crimen.
Los ojos de la mujer brillaron con emoción entre el gorro y aquel atuendo casi quirúrgico.
- Es cierto, ¡muy bien!, a usted se le va a dar fácil la paleografía

Mi asombro era aún mayor, ¿cómo era posible que Natalia hubiera logrado captar algo de lo que decía el manuscrito? Ahí estábamos,…

Hasta lo imposible

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Cartagena, 20 de Mayo de 2015 Ceremonia Inaugural 60° Congreso Nacional SCCOT
Buenas tardes, es un honor para nosotros estar hoy aquí, en Cartagena, acompañando a la Sociedad Colombiana de Cirugía Ortopédica y Traumatología, en su Congreso Nacional número 60. Yo no soy ortopedista como lo fuera mi papá, mi hermano, o mi primo; ni siquiera pertenezco al campo de la salud como mi mamá, nutricionista, quién acompañó de cerca y alentó durante 50 años a mi padre en su práctica médica. No, yo soy historiadora, y la única manera certera que conozco de agradecer este gesto generoso que hoy honra la memoria de mi viejo, es contando historias.

Hace un tiempo Rubén, el esposo de una amiga, me preguntó si era familiar del Doctor Duplat: “el ortopedista” dijo; acostumbrada a la pregunta le dije que si, casi que de manera automática y rutinaria. Él enmudeció y me miró fijamente, y después de un instante volvió a preguntar: “¿el viejo Doctor Duplat, el que atendía en la Misericordia hace muchos años, …

Jugar por jugar o la magia de hacer las cosas juntos

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La noche se acercaba, y al paso inclemente del tiempo, la tensión crecía. Un equipo de gente, difícil de contar, entraba y salía frenéticamente del taller con pinturas, herramientas, equipos de soldadura y cables. Desde lejos se veía, se alzaba imponente y gigantesca la locomotora colorida, como si hubiese brotado de las entrañas mismas de la tierra. Al lado derecho, en la actitud paciente y sosegada de quien se sienta a la orilla del tiempo, un viejo duende esperaba a ser instalado en la punta de aquel tren alegórico que no podría conducir a otro lugar que no fuese la felicidad. Los vecinos se agolpaban alrededor y compartían la angustia del equipo de artesanos, quedaban pocas horas para el Desfile Magno del 6 de enero y, aún, había muchos problemas por resolver. 
Días atrás, en la Laguna de La Cocha, habíamos oído con atención a José Obando intentando explicar, con fuego en la mirada, por qué era tan importante el Carnaval. “Es lo que somos”, decía José al lado de su estufa campesi…