Los zapatos de Soraya

Tengo una deuda con Soraya y también conmigo misma. Prometí escribir unas líneas a partir de una conversación que tuvimos hace un tiempo sobre los zapatos y lo que cada quien es. Sora acababa de realizar una intervención en un foro muy importante, a lado de personajes ilustres y representantes de los principales medios del país. Cuando la encontré estaba reivindicando su decisión, cuestionada por varias de sus amigas, de haber realizado la presentación calzando un par de zapatos deportivos. Una de ellas le había dicho - pero la elegancia fue de la cintura para arriba - cuando descubrió una foto del evento en Facebook. Ella sabía que sus zapatos no iban muy bien con el atuendo elegante que había escogido para tan importante momento; sin embargo, se aferró a su convicción de no ceder a la presión social que de manera prescriptiva imponía, para la ocasión, zapatos formales, por demás incómodos.


Soraya Bayuelo presentando la experiencia del Colectivo de Comunicaciones Montes de María en Expopaz


Y es que, conociendo a Soraya, no se me hace extraño que se haya empeñado en tal decisión, pues metafóricamente no era poco lo que se jugaba. Ceder a la presión de ponerse otros zapatos, unos que no se sienten como propios, puede llegar a ser como ceder a la presión de dejar de ser uno mismo. Y si hay algo que esta maravillosa mujer sabe muy bien, y enseña a todo aquel que se le cruza en su camino, es el valor de ser auténtico. El valor de acomodarse, de manera flexible, a cada situación y contexto sin perder la dignidad de ser uno mismo. Ponerse en los zapatos del otro para comprenderlo y acompañarlo de manera solidaria no implica, necesariamente, despojarse de los propios zapatos. Al contrario, implica reconocer explícitamente el lugar desde donde nos paramos para relacionamos con los otros. Cuando entendemos eso descubrimos el sentido profundo y el efecto poderoso de la empatía, sentir con el otro, vincularse a los demás y sentir que sus tristezas y alegrías también son nuestras. En la capacidad de ser ellos mismos y, a la vez, sentir empatía hacia los demás, reside la magia que rodea a la gente como Soraya. Fue algo que terminé de entender hace unos días, cuando tuve el privilegio de ir a su casa en la región de los Montes de María, ¡qué experiencia!.

Recorriendo los Montes de María con Soraya


Soraya hablaba con orgullo de cada rincón de su pueblo y su región; de su gente, de lo que son y de la importancia de no perder la dignidad. Ni el terror impuesto por los grupos armados, ni las inconcebibles condiciones de pobreza y abandono los han amedrentado. Nos llevó a conocer a la legendaria cantadora Petrona Martínez, la gran maestra del bullerengue, el baile cantao que canta las penas y las alegrías de la gente del caribe colombiano. Allí estaba doña Petrona sentada en su mecedora, cosiendo vestidos para sus bisnietas y viendo pasar el mundo sin deslumbrase y sin olvidar qué es lo fundamental. Encima de ella, en el lugar más visible, estaba colgado un poster que hacía alusión a la exposición “Oro, espíritu y naturaleza de un territorio” del pintor Pedro Ruíz. Qué insólito y, a la vez, qué coherente, qué emocionante. Dos seres tan distintos que tienen el don de ver lo mismo, de encontrar belleza en medio del dolor y la violencia. Imposible dejar de recordar la canción de doña Petrona, ¡ya la creciente bajó, la vida vale la pena!.
Soraya y Petrona Martínez


Para cuando llegamos a El Carmen de Bolívar Soraya nos había hecho un minucioso recorrido por las historias de dolor y de impotencia de una región asolada por la codicia y el poder mal utilizado; y en el fondo la canción de Jorge Oñate - en las noches de mi tierra, renacen siempre mis alegrías, hay un verso de esperanza, en cada aliento del alma mía. Qué contraste al conocer, al día siguiente, al grupo de narradores y narradoras de la memoria, hombres y mujeres que le están apostando a contar lo que han vivido sus comunidades en los últimos años. Ellos, que han sido despojados de sus tierras y de sus seres queridos, entienden muy bien el valor de la memoria narrada, hilo conductor que los vincula entre sí y con su territorio. Tejen los recuerdos y luego los cuentan para saber quiénes quieren ser. Entrelazan trocitos de pasado, con la profunda esperanza de que, al hacerlos públicos, nadie, de ninguna manera, vuelva a vivir la pesadilla que vivieron. Pero también cuentan el pasado para reconocer, con orgullo, que han sido capaces de escapar a la tragedia, que no están condenados irremediablemente a la violencia y que pueden ser los dueños de su propio destino. ¡Ya la creciente bajó, la vida vale la pena!.


Soraya trabajando con un grupo de mujeres en Rincón del Mar


Qué cantidad de historias, historias dolorosas y también historias divertidas, tan contradictorio como la misma vida. Fue un placer escuchar a Beatriz hablar de su infancia, de cómo allí mismo, en la casa de Chichi, escuchaba las sinfonías de Sibelius y devoraba cuanto libro caía entre sus manos. De cómo aprendió sola a tocar la guitarra y el acordeón para cantar a los juglares vallenatos - ya comienza el festival, vinieron a invitarme, ya se van los provincianos que estudian conmigo... De los recorridos gastronómicos de Sora y su amigo en la época de la universidad y de cómo crearon el Colectivo de Comunicaciones hace 16 años. Escuchamos, conmovidas y con profundo dolor, a la niña Blanca, la mamá de Soraya que a sus 78 años no se recupera del golpe de haber perdido a su nieta María Angélica. Aquel 17 de Agosto, cuando empezaba a anochecer, una bomba estalló en la esquina de la ferretería truncando la vida de su nieta y de sus dos amigas. Más de 10 años después, la niña Blanca llora y no cabe de su asombro ante tamaña estupidez, nosotras tampoco. ¡Ya la creciente bajó, la vida vale la pena!.


Cuando regresamos tenía la certeza de ser diferente, a pesar de tener mis propios zapatos. Rumbo a Cartagena paramos en San Jacinto a comprar artesanías y, de repente, Soraya se aparece con un par de gaitas y me dice – fueron hechas por Toño García, de Los Gaiteros de San Jacinto, tienes unos meses para aprender a tocarlas de aquí a que vuelvas al Festival de Ovejas - ¿Cómo ser la misma persona después de todo esto? Todo el recorrido fue una lección de humanidad, solidaridad y esperanza basada en la memoria; memoria hecha canción, lugar o narración. Escuchamos a Soraya y a su gente y entendí, mejor que nunca, su reivindicación por los zapatos, una lección de dignidad e identidad. De repente sus historias fueron también mías y a partir de ese momento estuvimos vinculadas para siempre. ¡Ya la creciente bajó, la vida vale la pena!.
Soraya en sus Montes de María

Los zapatos de Soraya

Comentarios

  1. Tati, divino!!! un homenaje para quien con su alma y corazón ha dajado una huella imborrable por la defensa de la vida y el territorio de los Montes de María!!!

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  2. Gracias amiga y hermana cósmica muaaacc!!! Sore

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  3. Gracias por la visita María, y a tí Sora, pues gracias por todo.

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  4. Y para continuar hablando de zapatos, voy a publicar un poema que llegó ayer a mi correo a propósito de los Zapapatos de Soraya:


    A TUS ZAPATOS VIEJOS

    Cuántos kilómetros recorridos, cuántas veredas, cuántos caminos.
    cuántas historias narradas y cuántas historias compartidas,
    cuántas angustias, cuántas terquedades,
    cuántos sueños y cuántos, cuántos cuentos han vivido y recorrido
    tus zapatos viejos.

    Cuando los calzo trasmiten paz,
    trasmiten alegría, trasmiten ganas de alcanzar estrellas
    o bajar al hermoso y colorido universo del mar
    trasmiten esa sensación rica y prodigiosa de
    enjugar el alma con vivas y canciones
    con poesía y baile, con entrega total al movimiento y a la VIDA.

    Tus zapatos viejos son una delicia... son sones y aires de LIBERTAD¡
    Son sueños compartidos, tus zapatos viejos son esa memoria vivida
    con placer y con angustia, con rabia y con impotencia.
    Con verdades lacerantes, pero también con verdades para aprender, des-aprender, desprender y acoger para luego continuar la marcha...
    buscando el camino, caminado juntas, caminando juntos o separados
    pero siempre caminando liberando esperanzas, libando sueños individuales
    o colectivos. Amando incondicionalmente.

    Tus zapatos viejos son una joya, un orgasmo eterno y una puesta de sol.
    Tus zapatos viejos son corrientes de nobleza y honestidad,
    tus zapatos viejos son lo mejor que me ha podido pasar,
    tus zapatos viejos son testigos de todo el universo simbólico que habito y que me habita.

    Tus zapatos viejos están ahí para ayudarme a trazar los nuevos senderos,
    los nuevos caminos, veredas, montañas, mares, sures y nortes por construir, por conquistar y vivir para perdonar y olvidar...
    por la lealtad y la comprensión.

    Sólo tus zapatos viejos encierran el secreto del tiempo vivido y por vivir.

    LIBELULAMARAZUL.

    Escrito en Sincelejo en Enero de 2006 en una noche de verano y en luna llena

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