Cuando la vida es música

Dejo aquí las palabras que leí el domingo 19 de Enero de 2014, en el marco del concierto-homenaje que el maestro Fabio Cristancho ofreció a mi padre por una vida entera de generosidad y pasión por la música.

Cada ocho días tengo el privilegio de asomarme a un mundo maravilloso. Cada ocho días, si estoy en Bogotá, me enfrento a la locura del tráfico, me cuelo entre los intersticios de mi agenda, le hago el quite a la cotidianidad, apago el celular y me sumerjo en otra dimensión. Cada ocho días, durante dos horas, me vuelvo música y el tiempo se hace elástico, se alarga y se eterniza entre el canto ronco y profundo de los violonchelos. Cada ocho días la experiencia de hacer y ser música con otros, reafirma mi convicción sobre lo colectivo. La posibilidad de construir con otros, y para otros, la importancia de inspirar y conspirar en torno a un propósito común. En cada ensayo Adriana, nuestra directora, maestra y primer chelo del cuarteto en el que toco, nos recuerda todo aquello que implica ponernos de acuerdo: superar nuestras diferencias e incluso aprovecharlas, escucharnos, acompañarnos, esperarnos, confiar en los otros. Escuchar a los demás es siempre el gran reto y la gran lección; escucharles incluso más que a mi misma, para que mi parte se incorpore al todo, para que el encantamiento, hecho medida, afinación y matiz, se active y surja la magia, surja la música. 
4Gatos Ensamble


Hacer música, y todo lo que ello envuelve, la capacidad de escuchar, de expresar, de estudiar... de callar, es tal vez el regalo más preciado que he recibido de mi padre, Alfredo. En cada nota que ha salido de su violín, en cada golpe de arco a lo largo de estos años, mi papá ha logrado transmitirnos su inmensa capacidad de apasionarse y de entregarse por entero a proyectos complejos con el único propósito de divertirse, ser feliz y hacer felices a otras personas. Aunque yo tenía 8 años recuerdo, como si fuera ayer, el día en que convirtió la casa en un fantástico estudio de grabación con la idea de hacer, él mismo, sus propias pistas musicales. Mi mamá, Esperanza, siempre cómplice en estas aventuras, ayudó en el diseño y la construcción del rack, un mueble de madera hecho a la medida de las sofisticadas grabadoras de carrete abierto, los equipos periféricos de audio y los millones de cables que de manera incontrolada bailaban la caprichosa danza de los enredos. Mi hermano Leo ayudó en la difícil tarea de instalar las puertas de vidrio que se quebraron veinte mil veces durante el proceso de montaje, y así una y otra vez, con el mismo optimismo y alegría de siempre, acompañó a mi papá a remplazar las puertas cada vez que se rompían. Alfredo, mi hermano menor, y yo, eramos los ingenieros de sonido, sosteníamos y acomodábamos milimétricamente los micrófonos a cada instrumento, escuchábamos por los audífonos y vigilábamos atentamente las agujas que marcaban el volumen. La primera grabación fue mágica. Mi papá construyó la pista de acompañamiento para su pieza preferida, un pasillo del maestro Pedro Morales Pino llamado Reflejos que ha sonado en mi casa desde siempre y que, a decir de mi viejo, de manera graciosa, es la pieza perfecta para ser interpretada por un cirujano ortopedista como él, interesado en aquellos movimientos involuntarios que los médicos llaman: reflejos.
Mi papá, el Dr. Alfredo Duplat Villamizar


Paso a paso, con una paciencia infinita, fuimos grabando cada uno de los instrumentos, todos interpretados por mi papá: percusión menor, guitarra y teclado. El arreglo armónico era sencillo pero eficaz. Grabamos por separado cada instrumento y luego los mezclamos con la consola y al final... increíble!! al reproducirlo sonaba un conjunto completo que acompañaba a mi papá mientras él tocaba aquel pasillo en su violín. Así, durante años, lo acompañamos a crear cada una de las pistas de su repertorio de pasillos y bambucos más queridos; y en el camino, toda aquella pasión, empeño, disciplina, alegría y sentido del humor que desprendía mi padre, fue haciendo de cada uno de nosotros alguien especial.
Alfredo Duplat V
Música para conjurar los momentos más difíciles 2011

Podría contar un sin número de historias parecidas, las legendarias serenatas con mis tíos, también músicos; las tertulias hasta el amanecer con los Téllez y los Rodríguez, las sonatas de Mozart, el concierto de Télemann, las mañanas de música y medicina con Alfonso Casanova y las madrugadas de boleros con aquellos personajes increíbles que se reunían en el bar de mi siempre querido y recordado tío Herman. Tardes enteras enseñándome las rancheras de José Alfredo Jiménez; y años después, otras tantas tardes enteras enseñándole yo aquellas piezas del barroco temprano para violín y violonchelo. Entusiasmo desbordado cada vez que nos reuníamos con mis amigas del colegio a ensayar la presentación de turno. Horas y horas de bambucos con mi hermano Alfredo al tiple, y la inolvidable noche antes de mi boda, hace 20 años, tocando con Fabio Cristancho en un acto ritual que presagiaba, para mi, una vida feliz llena de música y amor al lado de Óscar, mi compañero.
Mi papá con Fabio Cristancho en 1993
Con Oscar y Fabio celebrando una vida de amistad


La senda de la música, marcada por mi padre, y el empeño de mi madre, me llevaron durante años al conservatorio y allí, desde el primer instante y para siempre, nos hicimos amigos con Fabio. Cómo nos divertíamos, cómo nos reíamos... hablábamos de música, leíamos sobre música, soñábamos en tono mayor, y afrontábamos los momentos más difíciles con la firme convicción de que se trataba de disonacias transitorias en la partitura de nuestras vidas.  Allí, veintidos años atrás, me di cuenta de lo que implicaba el oficio y la profesión musical, y entendí, que ese no era mi camino. Sin embargo, en ese momento no podía imaginar lo útil, lo importante y lo definitivo que sería para mi este conocimiento durante el resto de mi vida. -“No me veo tocando en la orquesta”- Le dije un día a mi mamá consciente de cada uno de los años de estudio y dedicación detrás de mis palabras. Ella, serena y sabiamente, me dijo: - “Esta bien, a estas alturas tienes el privilegio de decidir cualquier cosa que quieras hacer, y en cualquier caso, será una buena decisión.. porque eres tu la que lleva las riendas de tu vida y eso es lo importante”. Sus palabras me tranquilizaron y me llenaron de confianza, así que guardé mi violonchelo y me fui feliz a estudiar historia y a conocer el mundo.
Mi violonchelo, viejo compañero


Desde ese momento, hasta hoy, no ha pasado un solo día sin que haga música. La música ha ido tejiendo un lazo extraordinario entre la gente que me rodea y yo. He recorrido los lugares más alejados y recónditos del mundo, y de este país, y siempre, invariablemente, he terminado cantando o tocando algún instrumento junto a personajes maravillosos que se han quedado conmigo para siempre. Amanecer tocando la armónica al son de las darbukas con la policía de Marruecos en el aeropuerto Internacional de Casa Blanca; entrar a una tienda de guitarras en la legendaria Cuesta de Gomerez, vía a la Alhambra, y terminar armando una fiesta con Germán Pérez Barranco el maestro constructor, su esposa y su fiel perro Viruta; recorrer pueblo a pueblo la provincia de Granada en España, junto a mi violonchelo y aquella orquesta de zarzuela que parecía sacada de una película de Almodovar; hacer música con aquellos viejos curtidos y bien vividos en una esquina perdida de la Habana; tocar un bolero inolvidable en el piano de Bola de Nieve, cantar hasta quedar sin voz frente a los cerros de Mavicure navegando el Río Inírida junto a mi compañera Jeanine, o en la casa de Alirio, en Belén de los Andaquíes - Caquetá. Ver el amanecer desde un quiosco en los Montes de María cantando a los viejos juglares vallenatos con Soraya; ser inmensamente feliz tocando las melodías más tristes que alguien jamás haya imaginado; sumarme a la alegría desbordada de quienes han ahuyentado al miedo y a la muerte a punta de canciones que reivindican la vida y la esperanza en medio del conflicto armado. Gozar del privilegio de escuchar, de expresar, de aprender, de enseñar, de compartir... eso es lo que ha hecho la música en mi vida, lo que quiero legar a Laura y a Lucía, mis hijas, y lo que celebramos hoy junto a ustedes.
En la Habana Enero de 2001 (Foto: Jeanine El'Gazi)

El maestro constructor de guitarras Germán Pérez Barranco tocando para mi hija Laura
 Granada 2003

Con Vicente en el Cármen de Bolívar 2013

La alegría de hacer música
A Fabio, Tatiana Meneses su esposa, y sus amigos, gracias por este regalo musical para mi viejo. A Alfredo, mi papá, infinitas gracias por la música..., y a ustedes mil gracias por estar aquí esta tarde.
Fabio Cristancho agradeciendo a mi padre (Foto: Frank Verano)

La música vale la pena (Foto: Frank Verano)
 
Tatiana Meneses (Foto: Frank Verano)
Mauricio Acosta (Foto: Frank Verano)

Jaime Betancourt (Foto: Frank Verano)

Iván Borda (Foto: Frank Verano)


Luis Enrique Alfonso Castañeda (Foto: Frank Verano)
Leonardo Guevara (Foto: Frank Verano)

Belén Osorio (Foto: Frank Verano)
Catalina Briceño (Foto: Frank Verano)
Tocando Reflejos para mi padre (Foto: Frank Verano)
El grupo (Foto: Frank Verano)

Comentarios

  1. Que buenas historias y lección de vida para quienes no podemos dejar de amarla. Felicidades-

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    1. Nelly Rocio!!! Qué maravilla reencontrate y que gusto que pases por aqui !!! Un abrazo !!

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  2. Tatis, felicitaciones un discurso que me llego al alma y un concierto maravilloso. Un abrazote a todos de Maria C.

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    1. Gracias Maquiz... por estar ahi desde siempre.

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  3. Que buen texto Tatiana. Siento mucho que no pude estar :(

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  4. Seño Tato, como siempre tus palabras llegan al alma. Puedo decir que he tenido el placer de compartir contigo un trozo de la historia que cuentas, de ser feliz gracias a la música que cantas, tocas y compartes, de sentirme cantante gracias a las cantatas colectivas. Que viva la vida y la música!.

    Un gran abrazo y hasta un muy pronto encuentro.

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    1. Glorita claro que eres parte de esta historia de canciones compartida !! y si señora, qué viva la vida !! va un abrazo hasta la pŕoxima canción.

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  5. jofrovel@yahoo.com23 de enero de 2014, 8:39

    Tatiana:!Que bello testimonio de vida!Al Haber compartido,"aquel diecinueve"..desperté a la realidad..asomámdome,al enriquecedor encanto de una familia encantadora y maravillosa..

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    1. Froylan muchas gracias a ustedes por estar siempre allí desde hace tantos años !
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  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  7. Tatiana, mi mamá me contó muy emocionada lo lindo que fue el concierto y de cómo tu texto dejó paralizado al auditorio. Tenía toda la razón es muy conmovedor, me da mucha lastima no haber podido estar ahí para oir todo el homenaje. Te felicito y te mando a ti y a todos un abrazo muy grande! Paloma Duplat

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    1. Querida Paloma... aquí estuviste !! Va un abrazo de regreso... y mucha suerte, espero verte cuando vuelvas.

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  8. Gracias Tatiana por compartirnos todo esto. ¡Felicitaciones por muchas cosas y por expresarte así, además, con la palabra!. Como respondió Carlos a alguien que, esa tarde del homenaje, le preguntó sobre el parentesco entre ustedes: "Estos Duplat no serán mis primos hermanos pero sí son mis primos mejores!" Los queremos mucho.

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    1. Jaja qué bello Carlos, gracias a ustedes por estar ahí siempre.... aquí también se les quiere, y mucho. Un abrazote

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  9. Qué hermosas palabras para tu padre y para la música. Una oda a la música que has vivido y aspirado desde pequeña, para alegría y satisfacción de tus padres y de toda tu familia, y un legado para tus hijas y la gente que te rodea. Muy lindo. Una abrazo grande.

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    1. Carolina un abrazo para ti y muchas gracias venir siempre por acá

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